miércoles, 20 de junio de 2012

¿Tenéis ya el hotel reservado?

    

Cuando comentamos nuestro viaje, la gente nos hace todo tipo de preguntas, algunas realmente divertidas. La última fue que cómo íbamos a ir hasta Japón, si en autobús o en tren... Lapsus mentales aparte, lo más normal es que nos pregunten qué vamos a hacer con el equipaje, si vamos a ir todo el viaje con una mochila, que cómo nos vamos a entender con los demás, que por qué llevamos nuestra bicis pudiendo comprar una allá o si ya tenemos reservados los hoteles.

    Algunas preguntas son más fáciles de responder que otras. En primer lugar, no vamos en tren sino en avión por motivos evidentes...En cuanto al equipaje, nuestras bicicletas ya están preparadas para hacer viajes largos, lo que significa que les hemos hecho pequeños arreglos para poder colocar alforjas (sí, como a los burros) en la rueda trasera, montadas sobre un transportín o portabultos, que es donde va a ir el "grueso" de nuestro equipaje (aunque ya mostraremos más adelante qué es exactamente lo que vamos a arrastrar por las carreteras japonesas). Además, la bici de Ainhoa puede llevar una bolsa de manillar, impermeable 100% como las alforjas, que es súper práctica para tener a mano las cosas más necesarias en ruta. Aparte, colocaremos un par más de portabidones en la horquilla delantera y de aquí a que nos marchemos igual cae de regalo un manillar de mariposa parecido al de la imagen.

Manillar de Mariposa visto en Rodadas

    Nos llevamos nuestras bicis por dos razones fundamentales. La primera es porque no sólo ya viene incluido en el billete, por lo que no fue necesario pagar una tasa, y en lugar de pagar una sobrecarga, Qatar Airlines te permite facturar 10 kg más. Y la segunda, ¡porque son nuestras! Es decir, que ya sabemos cómo van a responder, ya les hemos hecho todo tipo de arreglos para poder llevar bultos, y llevamos todos los repuestos necesarios para este modelo en concreto.

Figurita hiperrealista de Takeshi Kitano, vista aquí.
    "Ah, y... ¿en Japón se habla inglés?" Sí, como en España. Es decir, todos más o menos lo conocen, lo han estudiado, pero tienen un acento horrible (lo cual no deja de ser bueno, porque a un nativo de Liverpool no se le entiende mejor) y la mayoría tiene serios problemas para comunicarse. Nosotros chapurreamos algunas palabras y frases sencillas en japonés, conocimiento lingüístico que tenemos esperanza de incrementar gracias a las lecciones intensivas a las que nos vamos a someter en julio por medio de tres vías:

    a) Profesor particularísimo: el hermano de Gabriel, David, lleva más de 8 años estudiando el idioma.
    b) Método post-it: o lo que es lo mismo, papelitos amarillos hasta en el cuarto de baño.
   c) Ciclo de cine japones: Akira Kurosawa, Hayao Mizayaki, Takeshi Kitano (que además de ser el "chino" de Humor Amarillo, es un grandísimo artista, director de cine, escritor, poeta y actor).






    En realidad, la necesidad real de aprendizaje se limita a, por ejemplo, saber interpretar las señales de tráfico que veamos, letreros de las tiendas, envoltorios de comida donde no haya dibujito o no se vea lo que hay dentro o en las cartas de bares y restaurantes. El hecho de querer aprender algo más no viene de la necesidad sino del respeto hacia un pueblo encantador y del que esperamos absorber cuanto sea posible. Si no es en japonés, en inglés. Y si no, por señas. Para viajes por lugares "exóticos" existen los dicciodedos, donde en lugar de palabras aparecen dibujos y números. Lo de los números también es importante porque en Japón no sirve indicar el número 3, por ejemplo, con los dedos de una mano. Si lo hacemos levantando los dedos centrales, sujetándonos el meñique con el pulgar, probablemente nos entiendan que nos referimos al número 2. Como bien decía Luis Frois, Japón es el mundo alrevés. Allí lo que cuenta son los dedos que escondes. En la imagen lo veremos mejor.

Manera de contar con los dedos en Japón. Visto aquí.


    Estas preguntas eran las sencillas. Ahora vayamos al tema más complejo de explicar: el alojamiento. Normalmente, cuando alguien quiere ir a Japón, va a su agencia de viajes y allí le preparan un pack con una ruta turísticamente interesante, con una serie de hoteles y con un régimen de comidas predeterminado. Los que se sienten aventureros, cogen el billete por su cuenta, se trazan su ruta particular, se dejan el dinero en el carísimo transporte público japonés, y se alojan en hoteles, hostales, albergues juveniles o templos budistas. Los más osados cargan con tienda de campaña y saco de dormir, y pueden acabar durmiendo en un cámping, en un centro comercial, en un banco de un parque o en un Mc Donalds (y no es una exageración ni un recurso literario, ¡que los ha habido así!).

Es posible alojarse en un templo budista, aunque no son precisamente económicos. Si pinchas aquí, te lleva a la página donde se aloja la foto, y que cuenta cómo fue la experiencia (en inglés).


     Nosotros también cargamos con tienda de campaña y sacos de dormir, y seguramente algún día veremos amanecer desde un cámping o desde una cuneta, pero nuestra idea es exprimir Japón disfrutando de la hospitalidad, historias y consejos que nos puedan ofrecer las gentes que mejor lo conocen. Existen varias páginas en Internet que sirven como redes de hospitalidad. En ellas, ofreces o te ofrecen un lugar donde dormir, donde cenar, un paseo por la ciudad o diversas actividades a cambio de un precio no monetario generalmente, pero siempre regido por el sentido común: si te vas a quedar a dormir en casa de alguien, qué menos que comprar algo de comida y bebida y cocinar para tu anfitrión. La idea no es conseguir alojamiento gratis, sino vivir una experiencia única con gente a la que acabas de conocer. Estas redes funcionan a nivel mundial, e inscribirse en ellas es gratuito.

     Empezaremos hablando de CouchSurfing,  que cuenta con un millón y medio de usuarios repartidos por todos los países del mundo. Además de ser nuestro principal método de búsqueda de anfitriones, tiene un fuerte valor sentimental para nosotros: nos conocimos a través de esta página, en un viaje que se organizó para ir a Santander, a aprender a hacer surf. Aunque hay quien la usa como página de contactos o para buscar amigos para irse de fiesta, las experiencias que nosotros hemos tenido alojando y visitando gente han sido muy positivas. Funciona por un sistema de referencias que no pueden ser borradas por quien las recibe, y cuenta con varios supervisores por región que vigilan que no haya nadie cometiendo excesos. Son los guardianes de lo que ellos llaman "el espíritu de CouchSurfing". Hay una aclaración que nos gustaría hacer desde aquí: se comenta en muchos foros de CS que los japoneses no son buenos anfitriones, que exigen que pagues tus gastos o te cobran la estancia en sus hogares. Se quejan de que no encuentran a nadie que los aloje gratis. Nosotros hemos contactado ya con unas 15 personas, y de todas ellas, sólo una nos ha dicho que ella normalmente cobra por estancia porque sólo aloja de manera gratuita a amigos de amigos. No tenemos ningún derecho a exigir nada a una persona que voluntariamente acoge en su casa, en su hogar, a personas extrañas.

Mapa de anfitriones de Couch Surfing


    Otra página casi igual de famosa que CouchSurfing es Hospitality Club. Algo más engorrosa y no tan secilla de manejar como Couchsurfing, tiene la ventaja de que hay más gente de Japón inscrita en ella que en CS. ¡Es tan liosa que aún no sabemos cómo subir una foto de perfil!

    Existe una página destinada a favorecer la hospitalidad entre viajeros que se desplazan en bicicleta. Se llama Warmshowers, y aunque es cierto que en las regiones que vamos a visitar hay pocos anfitriones, éstos están más preparados para recibir viajeros en bici, conocen mejor nuestras necesidades, pueden recomendarte rutas y posiblemente tengan alguna herramienta o recambio para hacer un apaño de urgencia. 

    Aparte de éstas, que no son las únicas páginas de este estilo, aunque sí las más comunes, existen otras páginas como Airbnb o Wimdu donde conseguir alojamiento económico en casas particulares, a partir de una noche y con un amplísimo abanico de precios y posibilidades.

     Así que, además del entrenamiento para el viaje, el cursillo acelerado de japonés y que a Ainhoa se le ha ocurrido aprovechar estos días para sacarse el carnet de conducir, habrá que aprender a bailar unas sevillanas y hacer una buena tortilla de patata para no defraudar a nuestros anfitriones.

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